Sobre Levítico

 

Impresiones sobre Levítico

Perla Morley



 

Quizá por vez primera, he leído el libro de Levítico consciente de que su lectura e interpretación deben hacerse dentro del marco histórico y cultural no solo de Israel sino de los pueblos que lo rodeaban. Los israelitas no vivían en una burbuja. Las reglas y prohibiciones tienen sentido como respuesta a las creencias y los actos de los demás pueblos también. El pueblo de Dios tenía que ser distinto de aquéllos que Dios mismo ya había desaprobado (Lev 18:25). Dios mismo les dice: “No sigan las costumbres de Egipto, país en el que vivieron. No sigan las costumbres de Canaán, país al cual voy a llevarlos, ni vivan conforme a sus leyes”. Dios es claro al exigir que su pueblo no debe parecerse a aquellos pueblos, sino a su Dios: “Sean santos, porque yo soy santo”. Esta santidad tenía que demostrarse tanto por medio de rituales que hacían concreta y visible la interacción entre el pueblo y Dios, como en la forma de vivir y relacionarse con los demás. La esencia de esta enseñanza se aplica también en nuestros días y para nuestras vidas. Dios es un Dios exigente. Hay que tomar en serio su santidad. Mi pregunta es: ¿Sigue siendo válida esta noción de santidad? ¿Cómo trasponerla a nuestros días sin caer en el legalismo? ¿Cómo, por otro lado, no abaratar la santidad de Dios? Quizás la respuesta a estas preguntas sea una forma de aplicar la enseñanza sobre la santidad de Levítico en nuestro entorno y momento.

Los sacrificios, las leyes y las consecuencias que se detallan en el libro no siempre tienen sentido para mí, una mujer del siglo XXI. Los castigos me parecen en extremo duros y violentos, excesivos. Me cuesta trabajo creer que Dios ordenara apedrear o quemar vivos a los infractores de las leyes. Por eso supongo (porque no he buscado ejemplos concretos) que era así como se arreglaban las cosas en esos tiempos y entre esos pueblos. Lo que hacían era “normal”, como incluso lo sigue siendo hoy día en algunos lugares. Sin embargo, por lo mismo, el contraste con Jesús es mucho más palpable y relevante. Veo con mayor claridad lo escandaloso de sus acciones: Nuestro Sumo Sacerdote violó varias leyes del libro de Levítico: tocó a una mujer con flujo de sangre, tocó a un muerto, los retó a que “el que estuviera libre de pecado, tirara la primera piedra”.  

El énfasis en la pureza, en la ausencia de pecado para poder acercarse a Dios y agradarle, permea todo el libro de Levítico. Ciertamente, si nos basamos enteramente en Levítico, pareciera que el Señor no está dispuesto a tolerar el pecado en lo absoluto. La pena es la exclusión y la muerte. Lo interesante para mí es que Jesús sí lo toleró al relacionarse precisamente con aquellos que se suponía que estaban excluidos, aquellos que incluso debían morir por su pecado según las leyes (la mujer pescada en adulterio). Jesús viola las leyes e instrucciones de Levítico al acercarse al pecador impuro, pero se presenta a la vez como el cordero sin defecto que va a ser sacrificado por el pecado de todos.


Esquema del capítulo sobre el libro de Levítico

Nombre y fuente

·         El nombre del libro proviene de la Septuaginta a través de la Vulgata y significa “Perteneciente a los Levitas”. En hebreo se conoce como “Y llamó”, las palabras iniciales del texto.

·         Se le asigna la fuente P o sacerdotal.

Autoría

·         No se especifica el autor, pero el testimonio interno deja claro que el contenido llegó al pueblo por medio de Moisés. Por ejemplo: El libro comienza con “El Señor llamó a Moisés...” y la expresión “El Señor se dirigió a Moisés” aparece en muchos puntos de transición.

Género y estilo

·         Narración histórica instructiva. Comienza con esta escena: “El Señor llamó a Moisés desde la tienda del encuentro, y le dijo lo siguiente...”

·         Contiene muchas leyes, pero dentro de este marco narrativo.

·         Narra algunos eventos (la muerte de los hijos de Aaron, Nadab y Abihú; el castigo a la persona que blasfemó).

·         El estilo es claro directo y sencillo porque su propósito es instruir; por lo mismo no echa mano de recursos literarios.

Estructura

1.   Leyes sobre los sacrificios (capítulo 1-7)

2.   Consagración de Aarón y de sus hijos (8-10)

3.   Leyes para distinguir lo puro de lo impuro (11-15)

4.   El Día de expiación (16)

5.   El código de santidad (17-18)

6.   Leyes sobre la santidad en la adoración y en las relaciones sociales (19)

·         Santo con el sentido de íntegro o entero: No cruzar animales, no hacer injertos de plantas, no ponerse ropa hecha con telas de materiales mezclados.) Pregunta: ¿Por eso estaba prohibido en parte casarse con extranjeros?

7.   Castigos por desobedecer (20)

8.   Requisitos para los sacerdotes (21:1-14)

9.   Impedimentos para el sacerdocio (21:16-24)

10.Expectativas para la participación en las ofrendas, requisitos para seleccionar los animales y sobre cómo matarlos (22)

11.El día de reposo y las fiestas religiosas (23)

12.Otros asuntos (el aceite, los panes, castigo por blasfemar, el año de reposo y el de liberación —Jubileo—; bendiciones y advertencias por obedecer y desobedecer; cosas consagradas a Dios (24-27)

 

 

Mensaje teológico

Dios es santo y está por encima de todo y solo los que están libres de pecado y los limpios (de impurezas, de defectos, de malas acciones, etc.) pueden estar en su presencia. Su presencia es representada por el Tabernáculo (más específicamente el arca del pacto), el cual está en el centro del campamento, es decir: Dios está en medio de su pueblo y su pueblo debe ser santo igual que Él. Para ello, Levítico lista una serie de leyes, expectativas de comportamiento y religiosas y de instrucciones para no ofender a Dios y para resarcir la ruptura de la relación con Dios y agradarle. El sacrificio de animales por los pecados voluntarios o involuntarios tiene el fin de presentar un substituto de la persona que pecó o del pueblo entero.

 

Perspectiva novotestamentaria

Jesucristo, el Sumo Sacerdote perfecto, se ofrece a sí mismo como sacrificio perfecto para que el ser humano pueda estar en la presencia de Dios. Jesús cumple con todos los requisitos de pureza tanto para fungir como sacerdote como para ser presentado como ofrenda agradable al Señor.

 

 

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